Las lluvias persistentes y los temporales encadenados de este invierno han vuelto a situar a Grazalema entre los puntos con mayores acumulados de precipitación en España. En las últimas semanas, los registros han superado con claridad los valores habituales para esta época del año y, en algunos observatorios, se acercan a cifras propias de episodios históricos. No se trata de un fenómeno aislado, sino de un patrón sostenido de borrascas atlánticas que ha dejado precipitaciones continuadas durante semanas.
Cuando el agua cae sin apenas tregua, el impacto no siempre es inmediato ni visible. Aunque la lluvia cesa, muchos de los procesos que activa siguen en marcha durante días o incluso semanas bajo la superficie. Para entender qué ocurre en el territorio en estas circunstancias, hablamos con Francisco Javier Gracia, doctor en Ciencias de la Tierra y profesor de Geomorfología en la Universidad de Cádiz. Desde la perspectiva del relieve, los suelos y la memoria geológica del paisaje, su lectura permite comprender qué sucede cuando un sistema natural recibe agua de forma persistente.

Pregunta. Cuando el territorio recibe lluvia de forma tan continuada, ¿qué es lo primero que nota el suelo y el relieve, aunque no lo veamos a simple vista?
Respuesta. En sistemas kársticos como el de Grazalema, el agua se infiltra por las grietas de las rocas y se va almacenando en conductos y cavidades subterráneas. Una parte se desagua hacia el exterior por manantiales y surgencias; otra se acumula, elevando el nivel de inundación en cuevas y conductos.
P. Desde el punto de vista geomorfológico, ¿por qué Grazalema es un lugar tan sensible y, a la vez, tan revelador para entender lluvias extremas?
R. Por su altura, unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, su relieve abrupto —ligado a fallas tectónicas de actividad relativamente reciente— y su orientación. Las masas nubosas que penetran desde el Atlántico por el golfo de Cádiz se encuentran de repente con esta barrera montañosa. Los vientos de poniente obligan a las nubes a ascender; al hacerlo se enfrían, se produce la condensación del vapor de agua y se generan precipitaciones muy abundantes.
P. ¿Este tipo de lluvias encajan con la memoria geológica del lugar o estamos forzando el sistema más allá de lo habitual?
R. Por su orientación y altitud, todo apunta a que este ha sido el régimen de lluvias dominante desde hace cientos de miles de años. Los factores que producen estas lluvias copiosas en Grazalema son naturales. Las lluvias intensas de este año parecen asociadas a una configuración algo anómala de borrascas y anticiclones en el Atlántico con respecto a la situación de las últimas décadas. No se trata de una tormenta intensa aislada, sino de temporales que se encadenan con muy poco descanso entre ellos.
P. ¿Qué diferencia hay para el terreno entre una lluvia muy intensa en pocas horas y varios días seguidos de lluvia persistente?
R. El drenaje subterráneo y la evacuación de agua de los acuíferos a través de manantiales y surgencias lleva tiempo. Es normal que, después de un periodo de lluvias, los manantiales sigan funcionando durante días o incluso semanas. Si en ese periodo continúa lloviendo, el acuífero no tiene tiempo para vaciarse y el nivel de las aguas subterráneas aumenta más rápido de lo que los manantiales son capaces de evacuar.
P. ¿En qué momento el suelo deja de absorber y empieza a responder de otra manera: escorrentía, deslizamientos o erosión?
R. Cuando las surgencias registran caudales elevados, se produce saturación del suelo, escorrentía superficial, reactivación de deslizamientos en las laderas y erosión hídrica. Muchas veces, cuando deja de llover, parece que el episodio ha terminado.
P. ¿Qué procesos continúan activos cuando ya no llueve pero el terreno ha quedado saturado?
R. El agua sigue circulando durante días o semanas. La erosión hídrica superficial cesa, pero el agua intersticial permanece en suelos y rocas durante bastante tiempo. Esto puede favorecer la reactivación de deslizamientos o corrimientos de tierra.
P. ¿Qué cambios dejan estos temporales en el paisaje que solo se perciben meses o años después?
R. Los grandes deslizamientos y movimientos de masas se aceleran durante periodos de lluvias intensas. Las fracturas se desplazan con mayor facilidad cuando los planos de rotura están saturados, lo que favorece el movimiento de grandes bloques. Desde la meteorología hablamos cada vez más de lluvias irregulares, pero también persistentes en determinados periodos.


P. Desde la geología, ¿puede decirse que el cambio climático está acelerando procesos naturales del relieve?
R. Es difícil afirmarlo con certeza porque las predicciones climáticas no siempre coinciden. Algunos estudios apuntan hacia una mayor aridificación y otros hacia una intensificación de fenómenos atmosféricos extremos. El calentamiento global está introduciendo desequilibrios que pueden traducirse tanto en sequías como en episodios de lluvias torrenciales. A largo plazo es complicado establecer cuál será la evolución exacta.
P. ¿Hasta qué punto los efectos que vemos tienen más que ver con el uso del suelo que con la lluvia en sí?
R. Es determinante. El ser humano ocupa terrenos inundables con una periodicidad de décadas. La memoria histórica es muy corta y se piensa que esos lugares son seguros. Se construye en zonas que tarde o temprano volverán a inundarse. Cuando llegan las lluvias intensas, el problema no es la naturaleza, sino la exposición creada por la ocupación del territorio.
P. ¿Qué errores se repiten cuando el conocimiento geológico no se integra en la planificación?
R. Se vuelve a ocupar territorio potencialmente expuesto a fenómenos peligrosos. El conocimiento geológico permite identificar esas zonas de riesgo. Si se quiere convivir con estos fenómenos habrá que adoptar medidas de protección —desvíos de cauces, diques o franjas de seguridad—. Si se ignoran estas advertencias, la catástrofe se repetirá.
P. Si tuviera que explicar a la ciudadanía qué significa realmente tanta lluvia para el territorio, ¿qué idea le gustaría que quedara clara?
R. Estas lluvias no eran raras en este territorio hace miles de años. En las sierras de Cádiz aún quedan plantas relictas y formas de relieve propias de climas tropicales del pasado. Hoy estamos acostumbrados a lluvias más moderadas y estos episodios encadenados de borrascas nos parecen extraordinarios. No son habituales, pero los fenómenos atmosféricos son difíciles de predecir y debemos estar preparados. La mejor forma de reducir el riesgo es conocer el terreno, respetar las vías naturales por las que circula el agua —cauces, arroyos, barrancos o llanuras de inundación— y evitar ocuparlas.
